Revista Puerta de Embarque

Vilnius, la capital pueblo

By on noviembre 11, 2015

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Al bajar del autobús procedente de Varsovia, la capital de Polonia, lo primero que llama la atención de Vilna es su tamaño. Nos encontramos a las afueras de esta ciudad, capital de Lituania, de poco más de 500.000 habitantes, pero tan sólo 15 minutos a pie nos separan de sus espectaculares edificios barrocos, de sus innumerables iglesias, de su barrio bohemio -la República de Uzupis- y de sus coloridos mercados.

En el tranquilo paseo hacia la belleza pasada nos topamos con concurridos comercios donde venden paños de lino, comida tradicional, flores de colores y ámbar. Esta piedra semipreciosa, de múltiples tonalidades y la única de origen vegetal, es muy común en los países bálticos, y a precios más que razonables.

Tras observar a las señoras venidas de pueblos de los alrededores vestidas a la vieja usanza, vendiendo fresas silvestres o leche de vaca en botellas de plástico, llegamos a la Puerta de la Aurora (Ausros vartai), la antigua puerta de entrada a la ciudad, construida a principios del siglo XVI.

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Muy cerca encontramos Vilniaus Rotuse, la enorme plaza del ayuntamiento, con su fachada neoclásica. Cada mañana, desde una de sus esquinas, parten excursiones gratuitas, en inglés, para conocer la ciudad. Gracias a ellos nos enteramos de dos extrañas curiosidades; que la Ciudad de Vilna cuenta con la mayor velocidad de Internet de Europa y que disfruta de las aguas públicas más limpias del continente.

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Según la tradición, el emperador Napoleón quiso llevarse a París la iglesia de Santa Ana debido a su belleza.

A pocos metros, casi desapercibida, se oculta la turística calle peatonal de Pilies, la más antigua de la ciudad. Esta importante arteria une el corazón del casco histórico, uno de los mayores y mejor conservados barrios medievales de Europa del Este, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994, con la descomunal plaza de la Catedral.

En busca de la República independiente de Uzupis

En el centro de la plaza vemos la imponente estatua de Gediminas, un gobernante del Gran Ducado de Lituania, entre 1316 a 1341, en cuyas cartas aparece el topónimo de ‘Vilnius’ por primera vez. Esta importante figura histórica lituana da nombre a la Torre de Gediminas, un importante punto de observación situado en lo alto de una colina cercana, así como a una de las calles principales de la ciudad.

Junto a la inmensa catedral de estilo neoclásico se encuentra el Palacio de los Grandes Duques, remodelado por dentro después de la Segunda Guerra Mundial. Hay que recordar que gran parte de la ciudad fue destruida por el ejército nazi. Sólo entre el 4 y el 20 de julio de 1941, los alemanes asesinaron a 5.000 judíos en los cercanos bosques de Panerai.

En total, decenas de miles de judíos murieron en manos de los esbirros de Hitler. Tras la Segunda Guerra Mundial, los rusos se hicieron cargo de Lituania. De esta época es el Museo de la KGB, sobrenombre como se conoce popularmente al Museo de las Víctimas del Genocidio, ubicado en la antigua sede de la agencia de inteligencia de la Unión Soviética.

Aún queda mucho por visitar en Vilna. Al otro lado del río Neris se encuentra la República de Uzupis. Este pequeño barrio se proclamó «independiente» el uno de abril de 1997, día de las bromas en el mundo anglosajón. Desde entonces tiene su propia bandera, su propia moneda y hasta un ejército de 15 personas. A la entrada de este barrio bohemio nos recibe una estatua de Cristo Mochilero, el único del mundo.

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No hay que perderse la simpática calle donde aparece la Constitución de Uzupis, en múltiples idiomas, ni la estatua del ángel tocando un cuerno, símbolo de la libertad artística. Saliendo de esta peculiar república, y antes de ver los alrededores de Vilna, nos topamos con la Iglesia de Santa Ana, con su original fachada de estilo gótico flamígero, tan espectacular que Napoleón quería llevarse a Francia.

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El casco histórico de Vilna es uno de los mayores y mejor conservados barrios medievales de Europa del Este.

Tampoco podemos dejar de pasear por alguno de los patios de la Universidad de Vilnius. Fundada en 1579, es la universidad más antigua de Europa del Este, y se halla justo al lado del Palacio Presidencial. Ya es hora de salir un poco de esta capital rural para dar un paseo por los alrededores…

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Hay unos 200 lagos en el Parque Histórico Nacional de Trakai.

El idílico Castillo de Trakai

En una pequeña isla del lago Galvė, a 30 kilómetros al oeste de Vilna, se encuentra el idílico Castillo de Trakai. Comenzó a construirse en el siglo XIV, por orden del monarca Kęstutis, que estableció su residencia en este maravilloso emplazamiento.

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El castillo de Trakai, a pocos kilómetros de Vilna, es una de las atracciones turísticas de Lituania más visitadas.

Por aquel entonces, el Gran Ducado de Lituania era uno de los últimos territorios paganos de Europa y el castillo sufrió numerosos ataques. En 1961 fue restaurado completamente, convirtiéndose en una de las principales atracciones turísticas del país.

En los alrededores del castillo abundan los puestos de artesanía, las coloridas barcas de patines y la comida local. Entre otras costumbres gastronómicas destacan los Cepelinai, el plato nacional, que consiste en una patata rellena de carne, salsa de nata agria y bacon. O los Koldunai, un tipo de pasta rellena. También son recomendables las sopas del día y la Saltibarkscciai, una sopa fría de remolacha.

Un paseo por la ribera del lago, entre árboles majestuosos y patos chillones, nos conducirá al auténtico pueblo de Trakai, caracterizado por sus hermosas casas caraítas. Estas edificaciones, construidas en madera por una minoría étnica con una larguísima tradición, son la última parada antes de regresar a Vilna, la capital pueblo más bonita de Europa.

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