Revista Puerta de Embarque

Villarrica, el Chile suizo que no te esperas

By on diciembre 22, 2014

Si uno ha oído hablar de los irreductibles mapuches, los indígenas chilenos que nunca se sometieron a los incas ni a los españoles, lo último que se espera es encontrarse con niños rubios y de ojos azules jugando entre risas a una especie de hockey sobre hierba llamado palín.

Pero así es la Araucanía (con el acento en la i, al contrario de lo que nos suena en España), un territorio mestizo en el que América se difumina para dar paso a un paisaje de lagos, ríos y picos nevados que recuerda poderosamente a Suiza.

Cultura Mapuche_Lago Budi_Araucania1
Villarrica, la última zona en incorporarse al mapa turístico chileno era mucho más familiar a mediados del siglo XX gracias a Pucón y sus alrededores fluviales, un destino legendario para los pescadores como Isabel II o James Stewart. Lo que les ofrecía Pucón era un enclave con vistas de postal alpina ininterrumpidas, sobre todo en los paisajes nevados, los lagos glaciares y el omnipresente volcán de Villarrica, con sus inconfundibles hechuras cónicas y la permanente voluta de humo coronándolo.
El volcán sigue marcando el turismo de la zona, que trata de recuperar la pesca sin muerte en las aguas glaciares que lo rodean, pero también ofrece actividades deportivas como el rafting y el senderismo en una selva seca sin insectos -con paseos como el que lleva a la cascada Salto del Claro-. Los salmones ya no miden metro y medio, pero el paisaje sigue intacto.

Cultura Mapuche_Lago Budi_Araucania2

Otra sorpresa son las termas en torno al volcán, que calienta el agua glaciar y la lanza a una selva de helechos y plantas prehistóricas. Las más famosas son las Termas geométricas, en las que una brillante pasarela roja conduce entre piscinas a 40 grados hasta una cascada. Un paisaje selvático del que uno casi espera ver salir a un dinosaurio.
Entre tanta paz lacustre de reminiscencias helvéticas, la postal mestiza la completan los moradores de la zona desde siempre, los mapuches. Los viajeros comparten su cultura en Curarrehue, el centro de la actividad comercial indígena. En Qelhue se puede dormir en una ruca, la casa mapuche, jugar con ellos al palín o comer algunos de sus platos, paradójicamente modernos a base de mantener intactas sus tradiciones.

Cordillera de los AndesAraucania

Anita Epiulef es la más celebrada representante de esta cocina, que comparte con el movimiento slow food los valores de la cercanía de las materias primas y las elaboraciones naturales. Anita, en su modesto restaurante de Curarrehue, decidió mantener los valores mapuches -una cultura de transmisión oral basada en la conexión con la tierra y la vida en comunidad- empezando por la cocina. “Pedíamos cambios políticos, pero comíamos una comida que no tenía coherencia con lo que estábamos hablando”, explica. Aquí cada día se cocina un plato distinto. Los cacharros se rellenan con lo que se encuentra ese día en la selva o en el huerto. Si hay suerte, en el plato habrá piñones de la araucaria. El árbol, prehistórico y esbelto y feroz a base de pinchos, simboliza la región con todo su misterio silencioso y resistente.

Termas geométricas Pucon

CON VISTAS AL LAGO
La hostelería, en torno al volcán Villarrica, tiene experiencia de décadas atendiendo a pescadores que buscan un lujo rústico sin estorbos. En alojamientos como el histórico y glamuroso Atumalal (el primero de la zona) las vistas a la península de Pucón se completan con un cálido spa y unos jardines que miran al lago. El recientemente inaugurado Vira Vira cuenta con habitaciones con jacuzzi exterior en las que el protagonista es el río, que discurre frente a todas ellas. Por último, el Villarrica Park Lake, de la cadena Sheraton, ofrece unas altas vistas al lago y el volcán Villarrica.

Postre floral en Araucania

VOLAR A LA ARAUCANÍA
Para conocer la Araucanía la puerta de entrada es la ciudad estudiantil de Temuco (con 10 universidades) a la que llegan los vuelos de LAN (www.lan.com). La compañía de bandera chilena, que lleva comunicando el extenso país desde 1929 y ofrece el circuito turístico más grande de Sudamérica, vuela diariamente desde Madrid a Santiago con un destacado servicio de entretenimiento a bordo y una clase Premium business que ofrece el aliciente de probar una amplia carta de vinos chilenos.

lan

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