Revista Puerta de Embarque

Toulouse, la ville rose

By on octubre 3, 2017

Puede que no sea la ciudad más hermosa del sur de Francia ni la que posea los monumentos más apabullantes, pero Toulouse desprende un encanto especial y cierto aura de misterio que la convierten en una de nuestras preferidas.

El tono rosáceo del ladrillo visto o revocado, profusamente utilizado en buena parte de su arquitectura, es el responsable de que Toulouse sea conocida como la Ciudad Rosa –la ville rose-. Si la contemplamos desde el barrio de Saint-Cyprian cuando cae el sol del Midi es fácil de entender lo apropiado del sobrenombre. Y también es fácil captar ese halo etéreo que la acompaña.

Sus edificios principales guardan esta estética, empezando por el punto neurálgico de la villa, la place du Capitole. Aquí se encuentra el Teatro Nacional del Capitol y también el Ayuntamiento, con su regia escalera, sus espléndidas salas de bello entarimado y las pinturas alegóricas del amor de Paul-Jean Gervais.

La plaza, que durante el día acoge un mercadillo casi permanente, está porticada en uno de sus laterales, ofreciendo cobijo a restaurantes y terrazas. Sobre su amplia explanada –la plaza abarca dos hectáreas- puede verse la cruz de Languedoc, con sus simbólicos doce puntos, en referencia al Zodiaco y a los doce rayos solares.

Toulouse, la que fuera capital de los exiliados socialistas y anarquistas españoles tras la Guerra Civil española, atesora historia y lugares para visitar. Por citar algunos imprescindibles, esta ciudad universitaria exhibe la basílica de Saint Sernin, una de las mayores edificaciones románicas de Occidente; la catedral de Saint Étienne, de original influencia nórdica; les Abattoirs, los antiguos mataderos de la rive gauche del Garona, reconvertidos en salas de exposición de arte moderno; el Museo de los Agustinos, con obras datadas desde la Edad Media; el bello palacete de Assézat, sede de la Fundación Bemberg y de su colección pictórica; el convento dominico de los Jacobinos, emblema del mejor gótico meridional; la iglesia de la Daurade, con su misteriosa virgen negra ricamente ataviada… la lista sería demasiado extensa para una visita de fin de semana. Y ni siquiera hemos mencionado el Jardin de Plantes (Jardín Botánico) o los célebres canales del Midi.

La presencia del Garonne
El caudaloso Garona nace en los Pirineos y atraviesa Toulouse antes de proseguir su curso, rumbo al Atlántico. La ciudad, desde sus lejanos orígenes medievales revelados en las intrincadas callejas del vieux Toulouse, ha prosperado asomada a este poderoso río.
Al contrario que otras urbes, no ha vivido de espaldas a él. Mucho menos en los últimos años, cuando con sus riberas y pretiles, magníficamente acondicionados para pasear, correr o circular en bici, se ha convertido en concurrido punto de reunión. En especial durante las noches de verano, y junto a la escalinata próxima al puente de Saint Pierre, la animación está asegurada. Igual que las vistas románticas, gracias a la cuidada iluminación nocturna.


Pero nuestro encuentro con el poderoso Garona quedaría incompleto sin echar un vistazo al Canal de Midi. Considerado la mayor obra de ingeniería del s. XVII, sigue siendo uno de los canales más antiguos de Europa en funcionamiento. Merece la pena subirse a uno de los barcos que lo navegan desde el Garona y conocer su sistema de esclusas. Las vistas de Toulouse desde el río y el canal jalonado de plataneros son deliciosas.

En familia, la ciudad del espacio
Desde que el célebre autor de El Principito, Antoine de Saint Exupéry, realizó los primeros vuelos transoceánicos desde Toulouse, esta ciudad ha estado ligada a la aviación, siendo hoy en día sede de la Agencia Espacial Europea. Airbus tiene aquí “casa”, que se visita, y si se viaja con niños es ineludible el parque temático La Cité de l’Espace, una puerta abierta al universo con notable despliegue interactivo.

A una hora, Carcasonne
El tren para ir hasta Carcasonne se coge en la estación de Matabiau. Merece la pena el trayecto para perderse en la impresionante fortaleza medieval y conocer el encantador pueblo que se despliega a sus pies. Todos los restaurantes le ofrecerán el típico Cassoulet, un potente guiso de alubias típico de la zona, acompañado de un buen verre de vin.

+Info: turismo-toulouse.es

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