Revista Puerta de Embarque

Menorca: ‘Cavalls i Cavallers’ desatan pasiones en la fiesta de San Juan

By on junio 11, 2014

Menorca es una isla barrida por la tramontana, que parece ser que es lo primero que existió desde el principio de los tiempos en el archipiélago balear. Luego llegó un pueblo marinero, hasta ahora de origen desconocido, que levantó unas enigmáticas construcciones megalíticas. Más tarde llegaron vándalos, romanos y árabes, que conformaron el primer milenio; y como colofón, la isla casi termina siendo inglesa… pues algunos de sus habitantes -en el siglo XVIII- así lo hubieran preferido.

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Así, con este bagaje histórico llegamos a nuestros días, y ahora Menorca es una isla esquiva que sabe proteger su compleja idiosincrasia, con singularidades dignas de preservar -sobre todo en los tiempos que transcurren-, como la tradición de poder recorrer su litoral a caballo por una senda que circunvala la isla, y de la que se vanaglorian, no sin razón, sus habitantes.

Los caballos, de pura y reconocida raza menorquina, juegan el principal papel en las celebraciones isleñas, y sobre todo en la víspera del 24 de junio, fiesta de San Juan, la fiesta más espectacular del archipiélago balear y que acontece anualmente en Ciudadela, la ‘otra’ capital menorquina, donde se inicia la temporada festiva; y que, sin duda, constituye uno de esos viajes únicos que merece la pena vivir por lo menos una vez en la vida.

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Carácter medieval

El protocolo (els protocols) sigue un ritual vigente de siglos, que hoy resulta anacrónico pero que sin embargo continúa provocando una inusitada expectación. Los diferentes estamentos de la sociedad medieval, que al parecer continúan siendo las fuerzas vivas del lugar, están representados, siguiendo un guión inalterable, por: el caixer senyor (caballero señor), que representa a la nobleza y que debe ser un noble y hacendado vecino, es el que permite y autoriza la celebración de festejo; a su vera, el caixer capellá (o sea el clero); luego, el grueso de la cabalgata formada por los caixers pagesos, que son los campesinos de los predios del término municipal y un caixer casat (un caballero casado) que representa los oficios menestrales.

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Todos estos cavallers, vestidos de impecable negro, montan espléndidos corceles también negros, y cabalgan casi sin descanso durante 36 horas por las calles del casco antiguo de Ciudadela, las cuales han sido convenientemente cubiertas con arena de playa para amortiguar los inesperados accidentes callejeros causados por los frenazos de los caballos.

Éxtasis colectivo

Los jinetes, en alegre pasacalles, realizan diversos juegos ecuestres, como els caragols (las vueltas), y en muchos tramos son interrumpidos por jóvenes -y no tan jóvenes- que ponen a prueba la pericia del cavaller intentando que el caballo se encabrite y levante sus cuartos delanteros, lo que produce momentos de verdadero pánico por lo peligroso del jaleo que sumerge a los participantes en un éxtasis colectivo. La banda municipal toca sin cesar y se pueden ver escenas sorprendentes, imprudencias temerarias y locuras. Dicen que la tramontana levanta pasiones y provoca conductas extrañas, como la de una joven madre, con su pequeño en brazos, que azuza enérgicamente a un ya suficiente excitado corcel grande y hermoso, que salpica espuma por su boca, para que levante las manos por encima de su cabeza; o como la de un convulso animador que se quita la camiseta y provoca que una animadora también se la quite; o que un grupo de chicos y chicas en plena tarea de levantar un castillo humano, sea embestido por un impetuoso caballo galopante que arremete contra la incipiente torre y que pisotea a sus integrantes desparramados por el suelo.

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Son muchos los caballos que se mueven entre el hervidero de gente, y el ambiente se impregna de una emoción contagiosa, con mucha descarga de adrenalina, mucho calor y mucha ‘pomada’ (ginebra con limonada).

Guía práctica
CÓMO LLEGAR: vuelo hasta Mahón, la capital de Menorca. De Mahón a Ciudadela se llega en autobús en una hora.

ALOJAMIENTO: como es habitual, durante las Festes de Sant Joan, los establecimientos hoteleros se colapsan. Así que, como la acampada libre en la playa está prohibida, reserve alojamiento cuanto antes por Internet en algún hotel de su gusto. Buscar y comparar precios en: www.menorca.org; www.ciutadella.org; y www.visitmenorca.com.

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GASTRONOMÍA: la caldereta de langosta es el plato estrella de la isla, sobre todo en el norte, en el pintoresco pueblo de Fornels. Embutidos típicos son la sobrasada y la ‘carn i xua’ (un tipo de longaniza). Durante las fiestas algunos restaurantes de Ciudadela cierran, dependiendo del recorrido que efectúen los pasacalles de caballos, pero también muchos lugareños abren los portones de sus casas a los viandantes y ofrecen piscolabis a vecinos y forasteros. Para beber siempre ‘pomada’ fresca.

QUÉ COMPRAR: las abarcas menorquinas son el típico calzado menorquín, hechas con una goma de neumático y dos piezas de piel. También es recomendable el queso de Mahón, la sobrasada y el gin (como llaman los lugareños a la ginebra local), bebida cuyo origen se remonta a principios del siglo XVIII, época de la dominación inglesa en Menorca.

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