Revista Puerta de Embarque

Extramadura, un paraíso de agua dulce

By on agosto 2, 2016

1.500 kilómetros de agua dulce convierten a Extremadura en la región española con más litoral interior. Una costa diferente, rodeada de un entorno natural envidiable de bosque mediterráneo, sierra y dehesa donde han encontrado refugio especies de aves protegidas tan extrañas y hermosas como la cigüeña negra o el águila imperial.

Perales del Puerto

El agua se ha convertido en el eje vertebrador de las tierras extremeñas. Paisajes que alternan dehesas y bosque mediterráneo, valles y sierras recorridas por innumerables pequeños cauces que buscan, desde las cimas nevadas de Gredos, los amplios cursos del Tajo y del Guadiana. Mas, hasta llegar a formar parte de los grandes ríos que se pierden en la frontera, hacia Portugal, las aguas se ven embalsadas, que, desde lo alto de las colinas extremeñas vestidas de castaños y robles, semejan pequeños mares interiores. Lugares donde disfrutar no solo del baño, sino también de los deportes acuáticos o la pesca.

Garganta de Alardos
1.500 kilómetros de costa interior que ofrecen al viajero 65 zonas de baño naturales autorizadas por la Junta de Extremadura en 2016, repartidas en 40 piscinas naturales, 17 playas fluviales y 8 playas en embalses. Entre estos últimos, el de La Serena es su mayor enseña al ser la segunda mayor bolsa de agua de la Península Ibérica (sólo superado por la presa portuguesa de Alqueva) y el tercero de Europa. Se extiende por casi 14.000 hectáreas repartidas por las comarcas de La Serena (baña los municipios de Cabeza del Buey, Capilla, Castuera y Peñalsordo) y La Siberia, donde se reparte por los términos de Esparragosa de Lares, Garlitos, Puebla de Alcócer, Risco, Sancti-Spiritus y Siruela.

Guijo de Santa Barbara
Un auténtico mar interior con capacidad para albergar 3,21 billones de litros de agua que fue inaugurado en 1990. Una “costa dulce” en tierras vestidas de encinares y salpicadas de pueblos de vieja historia como demuestra la presencia del dolmen de Magacela o el yacimiento arqueológico de Cancho Roano. Una pequeña ruta alrededor del embalse permite descubrir atractivas poblaciones, como Quintana de la Serena o la propia Zalamea, elegida por Calderón de la Barca para dar vida a su particular “alcalde” y donde se levanta un distylo romano de 25 metros de altura. Y aunque La Serena da nombre al embalse, lo cierto es que buena parte del mismo se asienta sobre la comarca de La Siberia, tierras de bosque mediterráneo donde destacan poblaciones como Herrera del Duque y Puebla de Alcocer, cuyo castillo roquero vigila la iglesia de Santiago Apóstol, asentada sobre una antigua mezquita árabe.

Moraleja

BANDERA AZUL
También en la comarca de La Serena se encuentra el embalse de Orellana. Rodeado de un entorno de naturaleza excepcional, forma parte de la lista de humedales de importancia internacional según el Convenio de Ramsar. Es, junto a las lagunas de la Albuera, la única zona extremeña que figura en dicha lista, donde también se pueden encontrar lugares como el Parque Nacional de Doñana, el Delta del Ebro o las Tablas de Daimiel.

Acebo
Orellana embalsa las aguas del curso medio del Guadiana, recibiendo las que liberan los de García Sola y Cíjara. Aguas claras y limpias cuya calidad ha sido reconocida por la Foundation for Environmental Education (FEE) con la concesión de una bandera azul, galardón que se otorga anualmente a las mejores playas como sistema de certificación de la calidad de las aguas de baño, la gestión ambiental, la información y educación ambiental en el entorno y la seguridad, servicios e instalaciones que se ofrecen.

Playa de Orellana
La playa Costa Dulce de Orellana, ubicada en el municipio de Orellana la Vieja, fue la primera en España que logró dicho galardón. Se trata de una playa artificial de 700 metros de longitud y setenta de ancho medio con zonas de gravilla y césped con todos los servicios necesarios para disfrutar de un perfecto “día de playa”. Además, es una zona ideal para los aficionados al buceo, a la pesca (abundan especies como black bass, carpas, lucios y barbos) o a los deportes acuáticos (vela, windsurf, piragüismo, esquí acuático, motos de agua…), pues, no en vano, aquí se encuentra la Escuela Regional de Vela.

Vela en Extremadura (embalse de Orellana)
Frente a la playa, se alza la conocida como isla de la Momia, un singular enclave que invita a pasear la mirada por los alrededores. Orellana se encuentra en un entorno natural excepcional dominado por la presencia de eucaliptos y por la cercanía de la Sierra de Pela. De hecho, el mismo embalse forma parte de una Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) que invita a descubrir las siluetas de águilas reales, perdiceras y pescadoras, de buitres leonados, alimoches y cernícalos primilla, entre otros muchos.

Waterfall descent
Y aunque es la más representativa, no es la única. Más de una quincena de playas salpican la geografía extremeña, pudiendo disfrutar de un buen baño en lugares como Los Calicantos, en Casas de Don Pedro; la playa del pantano de Puerto Peña, donde también se pueden practicar diferentes deportes acuáticos; la de Peloche, en Herrera del Duque, con una zona de cemento y otra de arena lavada; la de Isla de Zújar, con diferentes actividades didácticas, deportivas y lúdicas; Peñalsordo, de arena y con un embarcadero que invita a disfrutar de la navegación sobre el embalse; el lago de la Charca de Zalamea, cerca de un moderno complejo de Turismo Rural con el mismo nombre; Proserpina, Medellín, Alange…

Garganta de los Infiernos 2

No es, por supuesto, el único lugar en el que disfrutar del agua y de la naturaleza. La construcción de los diferentes embalses extremeños ha propiciado la creación de nuevos entornos medioambientales y de espacios singulares. Sirva como ejemplo el pueblo de Granadilla, a la orilla del embalse de Gabriel y Galán. Población fundada por los musulmanes sobre una colina de pizarra que domina el paso por la Vía de la Plata, el casco urbano fue desalojado a mediados del siglo XX, pues, previsiblemente, iba a ser cubierto por las aguas. No obstante, dichas previsiones nunca se cumplieron, aunque si dejaron al pueblo ocupando una península de difícil acceso. Dada la singularidad del conjunto, se decidió su rehabilitación. En la actualidad, Granadilla, dominada por la presencia de su magnífico castillo, se alza sobre las aguas del pantano y, a su alrededor, un bosque de pinos y eucaliptos poblado de jabalíes, ciervos y conejos que, al atardecer, se dejan ver cerca de las murallas de la población y sorprenden al visitante.

Isla de Plasencia
Igual de singular es la Isla de Plasencia, formada por el paso del río Jerte al abrirse en dos brazos en su tramo urbano. La Isla, como se la conoce, se ha convertido en el parque más grande de la ciudad, ocupando unas diez hectáreas, que cuenta con su propia piscina natural e invita a disfrutar de un agradable paseo por su ribera hasta alcanzar el dique de la presa del Jerte. Un lugar magnífico para contemplar el espectacular valle del Jerte reflejado en las aguas del embalse.

 

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