Revista Puerta de Embarque

Buenos Aires, sabor porteño

By on agosto 25, 2014

En un reciente viaje por el cono sur, llegamos al continente americano a través del aeropuerto internacional de Buenos Aires, «Ezeiza», desde el que también tomamos el vuelo de vuelta a España. Sin embargo, apenas pasamos dos días en la capital argentina.

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Fue un tiempo escaso, pero suficiente para formarse una primera opinión sobre ella y hacer el firme propósito de volver con más calma, para disfrutarla como se merece. Éstas son por tanto nada más que unas simples impresiones sobre nuestro recorrido, centradas en dos zonas esenciales: el centro histórico y el barrio de La Boca.

El Buenos Aires histórico

A la ida aterrizamos en el aeropuerto internacional de Buenos Aires tras un cómodo vuelo con Iberia, que ofrece dos frecuencias diarias entre Madrid y la capital argentina. Nos hospedamos en el hotel Dazzler Maipú, perteneciente a una cadena que se caracteriza por una relación calidad precio excelente y una ubicación privilegiada, en pleno centro, algo muy importante en una ciudad tan grande. Tras nuestra estancia en Uruguay y el sur de Brasil regresamos de nuevo a Buenos Aires por barco, a través de la empresa Buquebús, (así, como suena), que fleta unos magníficos ferrys que enlazan Montevideo y Buenos Aires. La particularidad de este medio de transporte es que, además de ofrecer una calidad magnífica, nos permite conocer Puerto Madero, donde atracan los buques.

Puerto Madero.

Puerto Madero.

Puerto Madero es una de las zonas más modernas de Buenos Aires. Creada en los años noventa del siglo pasado se ha convertido en uno de los distritos más exclusivos, gracias entre otras cosas a las extraordinarias vistas sobre el Río de la Plata.

Avenida 9 de Julio.

Avenida 9 de Julio.

Dejando atrás este moderno desarrollo entramos en el corazón de la ciudad: San Telmo, que fue el primer núcleo de población y hoy, como antaño, mantiene su estatus de barrio residencial con edificios de estilo colonial a cuya sombra se abren museos, cafés, librerías, tiendas de antigüedades, etc. En San Telmo se percibe un aire entre señorial y bohemio, con cierto toque europeo que cautiva enseguida. Justo en su extremo sur se abre la Avenida 9 de Julio, la que dicen que es la más ancha del mundo, con sus 8 carriles por sentido para la circulación, y en el cruce de ésta con la calle Corrientes se alza el Obelisco, que conmemora el Cuarto Centenario (1936) de la fundación de la ciudad, convertido hoy en su símbolo arquitectónico.

Plaza de Mayo con la Casa Rosada al fondo.

Plaza de Mayo con la Casa Rosada al fondo.

Muy cerca, la Plaza de Mayo, la más famosa de la ciudad, en la que se yergue también otro obelisco, esta vez en homenaje a la revolución del 25 de mayo de 1810. Es el lugar más emblemático de la ciudad, ocupando el sitio de la antigua Plaza de Armas del tiempo de la fundación de Juan de Garay. Allí se convocan las manifestaciones y es el sitio de las grandes ocasiones para los argentinos. A ella se encaran la Catedra Metropolitana y la Casa Rosada, sede de la Presidencia de la Nación, llamada así por el tono de la piedra empleada en su construcción.

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A continuación el imponente Palacio del Congreso, en un acertado estilo grecorromano. Tras este maratón monumental, una parada para reponer fuerzas en el Gran Café Tortoni (www.cafetortoni.com.ar), el más antiguo y de más rica historia del país, fundado en 1858  y que en 2008, fecha de su 150º aniversario, celebró un encuentro con el madrileño Café Gijón.

Barrio de La Boca

Una vez descansados, nos desplazamos hasta el barrio de La Boca. Esta popular barriada es donde hierve el Buenos Aires más auténtico, pintoresco y vivo. Es el lugar de nacimiento del tango y también de Maradona, y aquí está La Bombonera’, el estadio -la ‘cancha’ como dicen allí- del ‘Boca Juniors’. Tuvimos la oportunidad de ir andando por sus calles hasta la calle ‘Caminito’, que en su origen fue construida por emigrantes italianos y hoy es la calle con más color de Buenos Aires; literalmente, ya que los frentes de zinc de las viviendas están pintados con los más vivos colores. Es un auténtico museo al aire libre, lleno de tiendas de artesanía, bares, galerías de arte y sitios para ver, escuchar y aprender tango, el conocidísimo baile que incluso ha sido declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de La Humanidad.

Campo Boca

Tuvimos la oportunidad también de comer en uno de esos restaurantes míticos de Buenos Aires, El Querandí (www.querandi.com.ar), fundado en 1920 y memoria viva de la ciudad. Uno de los pocos sitios que de verdad combinan cocina excelente y un espectáculo de tango fuera de serie.

Y no dio tiempo para más. La capital argentina es fascinante, un caleidoscopio en el que la modernidad uniformizadora que amenaza a todas las grandes urbes no puede con las peculiaridades propias de la idiosincrasia argentina o casi mejor porteña, dando como resultado una ciudad con una personalidad muy acusada, lo que siempre es de agradecer. Espero, a diferencia del famoso tango, volver pronto, alegre y esperanzado, a una ciudad que conquista el corazón.

Interior del Café Tortoni.

Interior del Café Tortoni.

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