Revista Puerta de Embarque

Salvador de Bahía: sagrada, profana y feliz

By on enero 24, 2017

En la tripa de Brasil, el océano Atlántico dibuja la segunda mayor bahía de Latinoamérica, más de 1.000 kilómetros cuadrados: la Bahía de Todos los Santos. A su entrada se levanta la ciudad de Salvador.

A Salvador de Bahía no llegan aún demasiados viajeros españoles. Apenas 54.000 el año pasado. Sin embargo, la conexión aérea con España es directa. La compañía Air Europa vuela desde Madrid tres veces por semana. El Airbus A330 de la aerolínea española llega puntual cada martes, jueves y sábado a Salvador de Bahía y, al aproximarse al Aeropuerto Internacional Dos de Julio, los que viajan a bordo experimentan el primer impacto. Las luces de la ciudad palpitan hasta donde la vista abarca. Desde las alturas y de noche, Salvador de Bahía es lo más parecido a un cofre destapado, repleto de joyas de brillantes colores.

Sin duda, también los portugueses y holandeses que se disputaron este territorio hace siglos comprendieron que tenía valor estratégico. Salvador de Bahía fue la primera capital del Brasil colonial bajo el imperio portugués y todavía hoy conserva un innegable apresto histórico, con sus fuertes custodiando la amplía bahía, el colorido centro histórico -Patrimonio de la Humanidad- y ese aspecto un poco desvencijado, pero profundamente auténtico, de tantos de sus rincones. Es una ciudad que te atrapa, aunque al principio sea difícil precisar bien el porqué.

Le debió de ocurrir esto a Vinícius de Moraes, compositor de ‘La chica de Ipanema’. Artista y diplomático de carrera, este brasileño de fama internacional fijó su residencia en Salvador de Bahía. Se instaló en Itapúa, uno de los barrios que paulatinamente se están remozando y abriendo al turismo; pero, en los años 70 Itapúa no era mucho más que un lugar solitario frente a la playa salvaje. La original casa, con su mobiliario vintage y la guitarra de Moraes forman parte ahora de un hotel y un restaurante sencillamente deliciosos.

La Casa Di Vina y el Hotel Mar Brasil son uno de los muchos lugares de visita obligada para el visitante recién llegado a esta ciudad y que vaticinamos que –como Moraes- acabará por rendirse al poderoso encanto de Salvador de Bahía.

PASEANDO POR EL PELOURINHO
Salvador pasa por ser de las ciudades más luminosas del mundo, en la que amanece de madrugada. Unas buenas gafas de sol son más que un complemento a la hora de patear la ciudad. Y, puestos a ello, es imprescindible comenzar por el centro histórico, el Pelourinho, recuperado para orgullo de los baianos y disfrute de los turistas.

El Pelourihno se ubica en la “Ciudad Alta”… y este apelativo no es metáfora de nada. Se accede cómodamente montando en el elevador Lacerda, llamativa torreta de estilo art decó, cuyos 72 metros salvan el desnivel con la “Ciudad Baja”. Antes de subir al artilugio es buena idea dar una vuelta por el Mercado Modelo, junto delante. Es un lugar recomendable para adquirir artesanía a buen precio.

El nombre de Pelourinho se traduce como “picota”. Era el espacio central de la plaza, donde se castigaba a los esclavos. La historia de Salvador de Bahía está unida a través de sus raíces históricas a la esclavitud, una institución que –tristemente- no se abolió en Brasil hasta 1888. A nuestro alrededor edificios de estilo típicamente colonial, pintados en vivas tonalidades, son el marco convincente para las llamativas baianas, mujeres que se visten y arreglan a la manera tradicional captando de inmediato la atención de los turistas.

Esta zona de la ciudad se ha transformado hasta convertirse en referente turístico y cultural. Aquí germinó el movimiento Olodum, escuela de modestos orígenes que ha alcanzado renombre internacional al son de su característico ritmo, a medio camino entre la samba y el reggae. También destaca por promover entre sus jóvenes alumnos principios éticos, como el orgullo de ser afroamericanos.

CREENCIAS PROFUNDAS Y ANCESTRALES
La plaza principal del Pelourinho es el Terreiro de Jesús, a la que asoman las fachadas de varias iglesias relevantes, una de ellas la Catedral Basílica, y también de la primera Escuela de Medicina fundada en Brasil. Muy cerca se encuentra la iglesia y convento de San Francisco, cuya construcción se inició en 1686. Aparte de su exquisito claustro revestido de azulejos portugueses, llaman poderosamente la atención los 800 kg de oro que ornamentan con profusión barroca su interior.

Los baianos o soteropolitanos son profundamente devocionales y prueba de ello es la afluencia de público y de ofrendas en iglesias como Nuestra Senhora do Bonfim. Se dice que “en Salvador de Bahía hay una iglesia para cada día del año”… y suele añadirse que hay también “un Orixá para cada día de la semana”. Los Orixás son divinidades africanas que desembarcaron con los esclavos y cuyo arraigo sigue vigente en las creencias populares… no conviene enfadarles.

MÚSICA Y ALEGRÍA
El calendario de eventos y festivales es intenso a lo largo del año, pero sin duda la fiesta reina es el Carnaval. Según el Guinness, el más grande del mundo, pues reúne en torno a 2 millones de personas. En Salvador se comenta con naturalidad que “cuando acaba una fiesta, empieza la otra”. Ése es el espíritu del baiano, siempre predispuesto a disfrutar de la vida, a pesar de sus adversidades.

GASTRONOMÍA CON PERSONALIDAD
La cocina baiana destaca por sus potentes sabores y la presencia de productos del mar. Pescados y mariscos son la base en la elaboración de unos guisos llamados Moquecas y del Vatapá (este último con bacalao cocido). Los sabores del coco, la cebolla, el pimiento y el tomate se funden en diversidad de recetas, y como guarnición el riquísimo Bobó de Camarón, un tipo de puré (pirao) con base de yuca y sazonado con dendê. En el Museu da Gastronomía Baiana se pueden saborear éstas y más especialidades locales, incluido el Acarajé, un tipo de buñuelo que procede de la tradición culinaria africana.

DÓNDE ALOJARSE
Sheraton da Bahia es un hotel de referencia. Un 5 estrellas cuyo diseño preserva el estilo de los años 70, con notables fotografías decorando sus habitaciones. Bien ubicado para desplazarse a los principales enclaves turísticos.

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