Revista Puerta de Embarque

Las Vegas, utopía del placer

By on agosto 7, 2014

En verano, la temperatura en el desierto de Mojave alcanza los 45ºC. Serpientes de cascabel, lagartos de piel dura, escorpiones, tarántulas y alguna que otra sufrida criatura escondida entre las piedras son los únicos que pueden vivir bajo los potentes rayos de sol que caen a plomo sin perdón. Sin embargo, todos los veranos, la carretera nacional N-15 que atraviesa el ardiente erial se convierte en una de las pistas más transitadas de la costa oeste norteamericana. ¿A dónde va tanto personal… «dónde son las fiestas» (que diría mi abuela)?

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La pregunta solo tiene una respuesta (pero con muchos matices). Se dirigen a «la ciudad del pecado»: Las Vegas. Y van -o vienen- de pasárselo bien, de comer, jugar, amar y consumir. Van -o vienen- de un lugar donde todo fluye de una manera tal, que los que caen por allí no paran de sentir constantemente ese subidón de adrenalina que les lleva a vivir nuevas experiencias, a probar suerte, a medir su voluntad y a sucumbir a las fantasías… Aunque, sabido es, que lo que ocurre en Las Vegas se queda en Las Vegas, incluidas las bodas-exprés.

El nombre de Las Vegas se lo inventó un aventurero español llamado Antonio Armijo, cuando en 1829 descubrió un oasis en pleno territorio habitado -y disputado- por los indios Paiutes y los Mohave, y que en aquel entonces pertenecía a México. Cuando en 1855, el territorio se incorporó a los Estados Unidos con el nombre de Nevada -todo muy obvio: los españoles que se quedaron en invierno comprobaron que en invierno también nevaba-, se asentaron varias comunidades de mormones y empezó una paulatina expansión que culminó con la llegada del ferrocarril.

Hotel Casino Flamingo.

Hotel Casino Flamingo.

Pero la ciudad de los placeres delirantes nació como tal cuando el Estado de Nevada autorizó el juego en 1930; y, sobre todo, cuando en 1946 Benjamín «Bugsy» Siegel, un extra de películas de pistoleros que se hizo pistolero de verdad, siguiendo los consejos del gánster Lucky Luciano, quiso llevar hacia Las Vegas el glamour de Hollywood, es decir: juego, alcohol, prostitución, drogas… o cualquier otra cosa que generara pingües beneficios. Bugsy era un embaucador con suerte y convenció a algunos miembros de la mafia para invertir en la construcción de un gran hotel-casino, al que llamó Flamingo. Fue primer hotel de lujo que se levantó en el Strip, la arteria principal de la ciudad. Al parecer, su gestión al frente del Flamingo no fue bien recibida por otro sector de la mafia, y su suerte cambió. Pocos meses después de la inauguración fue asesinado de un par de balazos en su casa de Los Ángeles. La mafia tiene estas cosas.

Pero la máquina de hacer billetes ya estaba engrasada.

¡A jugar!

Hoy la ciudad la conforman un núcleo de hoteles-casino situados a lo largo de los casi cinco kilómetros del Boulevard Las Vegas, más conocido como «el Strip», una de las avenidas más luminosas y más inmortalizadas en selfies.

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Es el mayor parque de atracciones del mundo construido para adultos y en el que se puede dar la vuelta al mundo en 24 horas visitando las réplicas de las maravillas del universo y de los edificios más representativos de varias ciudades europeas. No importa el orden del viaje virtual, aunque mejor empezar por el principio con el emblemático cartel «Welcome to Las Vegas», el famoso anuncio de coloridos neones que nos da eso: la bienvenida.

El Flamingo sigue aún en pié, y es uno de los casinos más visitados en la actualidad. Ahora cuenta con un pequeño museo que narra la historia de Bugsy.

El Hotel Luxor recrea el esplendor del Egipto faraónico con una gran pirámide de piedra negra de más de 100 metros de altura, palmeras, obeliscos y la gran Esfinge de Gizèh, en mejor estado de conservación ¡y más grande! que la original cairota. En el Caesar Palace podemos ver el Coliseo de Roma, al que no le falta la mitad como el original romano; muñecos animados imitando a Baco y estatuas de poliéster de césares y mesalinas, repartidas por los largos pasillos que nos conducen a cualquiera de una de sus más de 3.000 habitaciones. Su exclusivo Pussycat Dolls Lounge tiene fama de ofrecer un show extremadamente sexy… quizá por aquello de las orgías romanas.

Hotel Luxor.

Hotel Luxor.

El juego es, sin discusión, la principal razón por la que bulle Las Vegas, así que en cada hotel las máquinas tragaperras ocupan una buena parte de los espacios destinados al ocio; pero después del desplume -y dependiendo de cómo nos haya tratado la diosa Fortuna- siempre queda tiempo para picar algo rápido o para cenar en toda regla, y la ciudad del vicio (al contrario de lo que piensa mucha gente) tiene la mejor oferta culinaria del mundo.

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Si hay un complejo de hotel-casino-restaurante que destaque es el Venetian. Aunque el cartón piedra es patente y el ambiente sofisticado resulta un tanto kitsch, sus decorados interiores dejan boquiabiertos a los más incrédulos: el Palacio Ducal veneciano con su campanille, los canales con sus góndolas y sus gondolieris; y una serie de galerías interiores con los techos pintados con trampantojos imitando un cielo azul de algodonosas nubes… paseo que confunde al turista y no sabe bien si en el exterior es de día o es de noche.

Hotel Venetian.

Hotel Venetian.

Y si al cielo falso de los pasillos interiores le faltan los angelitos, estos aparecen pintados en los frescos de los costados de la galería de tiendas de lujo (Ferrari, Bulgary, Prada, Gucci, Armani, Versace…) situados en unos pasillos que parecen sacados del mismísimo Vaticano. Lujo y opulencia eclesial también en sus dos restaurantes: Alex (2 estrellas Michelin) y la brasserie del chef Daniel Boulud (1 estrella).

Si quieres, te casa Elvis

Cada uno de los hoteles tiene sus peculiares entretenimientos: El hotel New York cuenta con una impresionante montaña rusa, en el hotel Mandalay te espera un acuario con tiburones y el hotel Mirage tiene un ‘volcán activo’ en el gran hall de entrada.

También las bodas son un atractivo de Las Vegas. Cada año se celebran más de 120.000 uniones matrimoniales más o menos folclóricas. Estas bodas exprés se celebran en las capillas de los hoteles. Son bodas excéntricas: contraer matrimonio en un helicóptero o navegando por el Lago Mead; o ser unido ‘hasta que la muerte os separe’ por un oficiante clónico de Elvis Presley son algunas de las opciones. Todo vale con tal que los contrayentes sean mayores de edad, tengan sus papeles en regla y abonen la cantidad de 300 dólares. Si quieres que en la ceremonia te cante uno de los ‘verdaderos’ Elvis, sube un poco más.

Hotel Bellagio.

Hotel Bellagio.

Las Vegas, que recibió casi 40 millones de visitantes en 2013, sigue creciendo. Tiene programadas nuevas aperturas de hoteles para este verano, entre ellas el hotel Cromwell, que será el primer hotel boutique de lujo; y el nuevo resort Caesars Entertaiment que contará con un spa de ‘duchas tropicales’ que reproducirán tormentas y lluvias torrenciales acompañadas por efectos de luz que imitan relámpagos, algo sin duda muy excitante para una ciudad en la que en agosto el termómetro sobrepasa los 40ºC a la sombra. Pero todo vale para ir en busca de la utopía del placer.

CÓMO LLEGAR
Si se presenta en el Strip de improviso, no se preocupe porque en Las Vegas siempre hay algún lugar para quedarse a dormir.

Varios turoperadores ofrecen combinados de billete de avión, 3 noches en un hotel de lujo y una excursión en avioneta por el Gran Cañón, por (aproximadamente) 2.000 euros. Es cosa de navegar por Internet y elegir la oferta que más confianza nos dé.

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Más información en:
www.visitlasvegas.com

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