Revista Puerta de Embarque

Hidra, la isla griega que inspiró a Leonard Cohen

By on octubre 17, 2014

hidra

Lo primero que sorprende al llegar a esta pequeña isla griega, de apenas 50 kilómetros cuadrados, es, además del color de sus aguas, la ausencia de vehículos a motor. Al bajar del barco, y tras un tiempo corto de navegación, un sereno grupo de burritos nos espera junto a las pequeñas y coloridas embarcaciones pesqueras.

La primera pregunta que asalta al visitante es: ¿podría existir un lugar más tranquilo? En esta islita, conformada por una cadena de montañas de una veintena de kilómetros de largo por tres de ancho, la calma es nuestra mejor compañera. Su complicada orografía ha impedido que la urbanización salvaje típica del Mediterráneo se apodere de sus costas. El uso del coche está prohibido, incluso para los 3.000 residentes censados que habitan el lugar. Sólo pueden circular los camiones de basura.

Como casi todas las islas del Mar Egeo, Hidra depende básicamente del turismo. Su carácter pintoresco la ha convertido en un lugar muy solicitado por los artistas, los intelectuales y los atenienses que proceden de los vecinos puertos de El Pireo y Nauplia.

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Uno de los personajes ilustres que vivió en la isla fue el poeta, novelista y músico canadiense, Leonard Cohen, que llegó con su guitarra, con su famosa gabardina azul y con su máquina de escribir Olivetti verde colgada del brazo. «Vivíamos bajo el sol, descalzos. Éramos muy pobres, pero felices. No había agua corriente, ni coches, sólo burros y tardamos en tener electricidad», recuerda hoy con nostalgia Marianne Ihlen, la noruega inmortalizada en una de las canciones más famosas del cantautor norteamericano.

Fue en la terraza de la tienda de comestibles del muelle donde el poeta invitó a Marianne por primera vez a compartir su mesa. «Es perfecta», escribiría Leonard Cohen de ella. Hacía tres años que la joven había llegado a Hidra en compañía de Alex Jensen, una de las voces emergentes dentro de la literatura noruega, con quien se casó y tuvo un hijo, Axel. Pero su relación era muy turbulenta y Cohen aprovechó la oportunidad para enamorar a la noruega.

Instalado en su casa de Hidra con Marianne y Axel, consiguió una paz hasta entonces desconocida para él. El orden, la frugalidad y la rutina adquirían un aire monástico que solo se rompía cuando bajaban las empinadas calles en busca de la diversión del puerto. Durante su estancia en Hidra, Cohen publicó la colección de poesías ‘Flowers for Hitler’ (1964) y las novelas ‘The Favourite Game’ (1963) y ‘Beautiful Losers’ (1966).

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Pero como la pareja no sólo podía vivir de amor, aire y poesía se trasladó a Nueva York, donde la relación se rompió a los pocos años. De esos hermosos tiempos en la isla de Hidra, los locos años 60, quedó la canción ‘So long, Marianne’.

Hermosas calas pedregosas

Lejos quedan los tiempos en los que Leonard Cohen paseaba tranquilo entre los pacíficos burritos y las empinadas calles de piedra de la sosegada ciudad-pueblo de Hidra, con forma de anfiteatro natural. Entre todos los edificios destacaba, y sigue destacando, la iglesia de la Virgen de la Asunción, que cuenta con un asombroso torreón campanario de mármol.

Es recomendable darse un paseo por los fascinantes caminos rurales, siempre paralelos al mar, que circunvalan la isla, entre playas rocosas encerradas entre imponentes acantilados. Aunque Hidra o ‘Hidrea’ significa la «bien regada» parece ser que el agua ha faltado siempre, por lo que podría ser un nombre irónico que le dieron sus primeros pobladores.

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A pesar de que la isla era casi desconocida en la Antigüedad, Hidra fue una de las grandes potencias navales del Mediterráneo en la época moderna. Sus armadores y sus navieros jugaron un papel determinante en la guerra de independencia de Grecia. Aún quedan, en torno al puerto, casas nobles diseñadas y construidas por arquitectos genoveses y venecianos.

Cerca de la ciudad de Hidra existen varias playas como la de Spilia, rocosa y de cristalinas y profundas aguas intensas. Un poco más allá de Spilia se encuentra la Bahía Avlaki, una cala protegida de más difícil acceso. Otra playa, más lejana, es la de Kamini, plagada de inmensos guijarros. Existen también numerosas calas a las que no se puede acceder más que en bote.

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